La investigación desglosa el panorama en dos grandes vertientes. Por un lado se ubica el pluriempleo denominado "emergente", que engloba al 48% de los afectados y demanda las cargas horarias más extenuantes, con un promedio de 49 horas semanales (superando en un 22% de los casos las 60 horas).

En este grupo convergen profesionales del área tecnológica o financiera que buscan diversificar sus proyectos laborales, pero fundamentalmente trabajadores no calificados de rubros como el comercio, la industria, la gastronomía y la administración pública, quienes demandan horas extra desesperadamente ante el atraso de su sueldo base.

Por otro lado, el informe contempla el pluriempleo "tradicional", que representa el 52% restante de los casos y responde a la dinámica propia de sectores socioeducativos y de cuidados. Esta modalidad se concentra fuertemente en campos como la docencia, el sistema de salud y el empleo doméstico, donde un 77% de la nómina está integrada por mujeres.

A diferencia de las extensas jornadas del sector emergente, en esta rama la dedicación promedia las 36 horas semanales, aunque igualmente refleja la necesidad de articular múltiples contratos o prestaciones de servicios dentro del mes.

La pronunciada brecha entre ambas modalidades evidencia cómo la adición de horas de trabajo se transformó en la principal herramienta de subsistencia para los trabajadores argentinos. Mientras que el trabajo de doble jornada de baja calificación registró un crecimiento del 77% desde 2017 hasta la fecha, explicando más de la mitad del aumento global del fenómeno, la informalidad en este segmento roza el 39%.

El mapa laboral argentino concluye así en un escenario donde tener un empleo formal a tiempo completo ya no garantiza la cobertura de las necesidades esenciales de un hogar.

Fuente: Periódico Qué - Agencias