La industria textil profundiza su contracción, según reveló el último informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas. Crédito: Página 12.
Este escenario retrata la profunda recesión que afecta al ámbito fabril, donde el uso de la capacidad instalada cayó a niveles críticos y apenas roza el 45%, dejando a más de la mitad de las máquinas detenidas en las plantas de todo el país.
Caída del empleo y cierre de empresas
El impacto sobre el mercado laboral es uno de los aspectos más alarmantes del informe. Desde fines de 2023 se han perdido más de 28.000 puestos de trabajo formales a lo largo de toda la cadena de valor textil y de confección. A esta destrucción de puestos de trabajo se suma la desaparición de unidades productivas: el ahogo financiero y el desplome constante de los pedidos derivaron en el cierre definitivo de más de 500 establecimientos industriales en el último año.
Competencia desigual ante las importaciones
A las variables macroeconómicas locales se le sumó el impacto de la apertura comercial y el auge del comercio electrónico global. Plataformas internacionales como Shein y Temu ingresaron masivamente al mercado interno con productos a valores extremadamente bajos. Para las pymes y pequeños confeccionistas nacionales, competir contra este flujo de indumentaria importada resulta casi inviable, dado el esquema actual de costos de insumos y tarifas operativas que deben afrontar.

Temu y Shein ofrecen indumentaria a precios bajos y profundizan la competencia para los fabricantes nacionales.
Desplome de ventas y márgenes al límite
El desplome en las ventas, que según empresarios del rubro alcanza caídas de hasta un 60% en los comercios de cercanía, deja un margen nulo de maniobra para el sector. Con la pérdida del poder adquisitivo del consumidor golpeando de lleno la demanda y costos operativos que continúan en aumento, los fabricantes afirman que resulta imposible trasladar las subas a los precios finales sin provocar un congelamiento aún mayor del consumo.
Ante este panorama, referentes industriales alertan por un proceso de desindustrialización acelerado que amenaza la supervivencia de cientos de talleres y comercios sobrevivientes. Sin señales claras de reactivación del consumo interno ni de herramientas de resguardo comercial frente a las importaciones, el sector textil encara el tramo final del año en una situación límite y con sombrías perspectivas para el empleo regional.
Fuente: Peródico Qué - Agencias







