Un trabajo de investigación independiente financiado por aportes ciudadanos en la provincia de Santa Fe encendió las alarmas en el ámbito científico y ambiental tras confirmar la presencia de microplásticos y metales pesados en muestras de granizo. El análisis se centró en las inusuales precipitaciones registradas durante una fuerte tormenta en abril de 2025 en la ciudad de Funes.

En aquella oportunidad, vecinos y productores de la zona notaron características particulares en el fenómeno: el granizo se destacó por su gran tamaño y por una resistencia inusual al derretimiento, ya que algunas piedras permanecieron intactas durante horas a pesar de que la temperatura ambiente rondaba los 27 °C.

Ante esta situación, se recolectaron muestras que fueron enviadas para su análisis a tres laboratorios privados de referencia (Patagonia Instrumental, Greenlab y JLA Argentina), bajo la coordinación de los especialistas Marcela Sangorrín, Lorena Diblasi y Juan José Cinalli.

¿Qué revelaron los análisis de laboratorio?

Los resultados del informe detectaron una compleja matriz de compuestos disueltos y partículas microscópicas dentro del hielo. Entre los elementos químicos identificados en distintas concentraciones figuran sodio, calcio, potasio, magnesio, sulfatos, nitratos, silicio, aluminio, boro, plata, zinc, estroncio, cromo, bario, yodo, arsénico y galio.

Sin embargo, uno de los hallazgos más inquietantes fue la detección de fibras microscópicas —de aproximadamente 0,5 micrones de diámetro y entre 12 y 20 micrones de longitud— cuyas características físicas y ópticas (observadas mediante microscopía y luz ultravioleta) resultaron compatibles con polímeros plásticos, posiblemente poliéster. Los expertos aclararon que, si bien se requieren técnicas complementarias avanzadas (como espectroscopía Raman o FTIR) para precisar su exacta naturaleza, la evidencia apunta firmemente hacia la contaminación por microplásticos.

El granizo como registro atmosférico y los próximos pasos

Este tipo de investigaciones se alinea con antecedentes científicos recientes, como un estudio publicado en 2025 en la revista Atmospheric Chemistry and Physics, que ya había analizado partículas no solubles en granizos del centro del país, vinculándolas con la actividad agrícola y los usos del suelo.

La formación del granizo —mediante sucesivos congelamientos y la acumulación de vapor de agua y partículas dentro de las nubes— convierte a las precipitaciones en una especie de "caja negra" o registro físico del material que circula transitoriamente por la atmósfera.

No obstante, los investigadores enfatizan que este estudio es de carácter exploratorio y sobre un número reducido de muestras, por lo que no permite determinar con exactitud el origen de los elementos hallados ni afirmar que se trate de una intervención climática deliberada (mitos que suelen surgir ante este tipo de descubrimientos).

La principal conclusión y preocupación de los especialistas radica en la imperiosa necesidad de profundizar los monitoreos sistemáticos para saber qué partículas respiramos, qué está cayendo cotidianamente sobre las zonas urbanas y productivas de Santa Fe, y cuál es el impacto a largo plazo de esta contaminación invisible en el ambiente y la salud pública.