Buena parte de los deportistas nacionales alzó la voz contra el ajuste

El desarrollo de los Juegos Suramericanos (Odesur) en la provincia de Santa Fe pone habitualmente el foco en las medallas, las marcas y el orgullo de representar al país. Sin embargo, detrás del brillo de las pistas y las piletas, confluye otra realidad menos televisada pero igual de urgente: el reclamo histórico de los atletas nacionales por mayor presupuesto, previsibilidad y un acompañamiento estatal real. En este escenario, el debate por el financiamiento del deporte argentino volvió a instalarse con fuerza, reavivando el recuerdo de una herramienta clave que supo tener el sector: el famoso 1% a la telefonía celular.

¿Qué era y cuándo nació el 1%?

Para entender el reclamo actual hay que retrotraerse a diciembre de 2009, bajo la presidencia de Cristina Fernández y Claudio Morresi como secretario de Deportes. Mediante la Ley 26.573, el Estado nacional creó el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD). ¿Cuál era su gran diferencial y su mayor garantía de supervivencia? Su autarquía financiera.

El ENARD no dependía enteramente de los tironeos del Presupuesto Nacional de turno: se financiaba principalmente a través de un recargo específico del 1% sobre la facturación de la telefonía abono fijo y móvil. Ese flujo constante y automático se traducía de manera directa en becas para deportistas, pagos a cuerpos técnicos, indumentaria, viajes internacionales y logística de entrenamiento de alto rendimiento. Durante años, fue señalado a nivel internacional como un modelo de gestión virtuoso que sacó a los atletas nacionales de la precariedad crónica.

El recorte de 2017: el principio del fin

La estructura de fondos propios comenzó a desmoronarse a fines de 2017. En el marco de una profunda reforma tributaria impulsada durante la gestión de Mauricio Macri, el oficialismo de entonces eliminó el impuesto del 1% a las empresas de telecomunicaciones.

El argumento oficial esgrimido en su momento apuntaba a "aliviar la carga fiscal del sector privado" y reemplazar ese mecanismo por asignaciones directas provenientes del Tesoro Nacional dentro del presupuesto general. Sin embargo, para el ecosistema deportivo la jugada significó un golpe letal: el ENARD perdió su autonomía financiera automática y quedó atado a la discrecionalidad de la caja política y al ajuste de cada administración.

La realidad hoy: rifas, sponsors privados y supervivencia

Con un Estado nacional que aplica severos recortes presupuestarios y un fondo automático que ya es historia, el día a día de los deportistas argentinos de alto rendimiento se convirtió en una odisea económica.

Hoy, la preparación para torneos internacionales de la magnitud de los Odesur se sostiene a fuerza de bolsillos propios, venta de rifas, campañas en redes sociales pidiendo colaboración y la búsqueda desesperada de sponsors privados que, en un contexto de profunda crisis de consumo y recesión, rara vez aparecen para los deportes que no tienen pantallas masivas.

El paso de los Juegos Suramericanos por Santa Fe actúa así como un megavoz involuntario. Los atletas no solo compiten contra sus pares de la región, sino contra la desidia estructural: reclaman que el Estado vuelva a garantizar un piso mínimo de sustentabilidad o que se replantee la restitución de esquemas de financiamiento genuino como aquel 1% que les devolvió la dignidad competitiva hace más de una década.

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