Según los datos oficiales, la canasta osciló entre los $557.303 y los $713.070 mensuales, dependiendo de la franja etaria.
Esta aceleración en los gastos vinculados al desarrollo infantil superó a la inflación general del mismo período, impulsada principalmente por el encarecimiento de los insumos esenciales y las prestaciones de servicios enfocados en la infancia.
El informe oficial revela una escala de montos que varían de forma proporcional según la franja etaria del menor. Durante el octavo mes del año, la manutención de lactantes menores de un año alcanzó los $557.303, exhibiendo un incremento del 2,1% respecto al mes anterior.
En el tramo de 1 a 3 años, el costo total se ubicó en $663.900, manteniendo la misma variación porcentual. En tanto, para la franja de 4 a 5 años la suba escaló al 2,3% ($567.243), mientras que el mayor impacto económico se dio en el segmento de 6 a 12 años, donde el presupuesto trepó un 2,4% para situarse en los $713.070 mensuales.
La metodología implementada para este relevamiento contempla dos componentes fundamentales: el consumo directo de bienes y servicios y la valorización del tiempo de cuidado. Para calcular el primer aspecto, la entidad estadística toma como referencia la Canasta Básica Total (CBT) del Gran Buenos Aires, incorporando gastos esenciales como alimentación, vestimenta, transporte, educación y salud.
Por su parte, la estimación del cuidado cuantifica las horas requeridas para la atención directa del menor, valuadas según las escalas salariales vigentes para el personal de casas particulares en la categoría de asistencia y cuidado de personas.

Canasta de crianza del INDEC para su medición de agosto 2026.
A pesar del piso que imponen los servicios no alimentarios, la distribución del gasto refleja prioridades muy marcadas según la edad del niño. En el caso de los lactantes, más de dos tercios del monto total estimado responden al valor implícito de las horas de atención y cuidado que demandan sus primeros meses de vida.
Sin embargo, a medida que los menores crecen y se escolarizan, la balanza se inclina progresivamente hacia los bienes de consumo y la cuota educativa, transformando el gasto material en el principal motor de aumento para las familias con niños en edad primaria.
El incremento continuado en la canasta de crianza reaviva el debate sobre la corresponsabilidad parental y la brecha de género en los hogares. En la práctica, la carga del cuidado y la manutención suele quedar desproporcionadamente en manos de las mujeres debido al incumplimiento de la cuota alimentaria por parte de muchos progenitores tras una separación.
Frente a este escenario, diversos especialistas señalan que los costos económicos y de tiempo no solo impactan de lleno en el bienestar diario de los hogares monoparentales, sino que inciden de manera directa en la planificación familiar y las dinámicas demográficas del país.








