En la década de 1970, la exportación de cueros crudos no industrializados llegó a estar prohibida en Argentina.

El circuito que conecta desde la recepción de la materia prima en las plantas de curtiembre hasta la confección final de calzado y marroquinería experimenta una contracción vertical. Establecimientos emblemáticos ubicados en el departamento General Obligado, junto a talleres y curtiembres distribuidas en los nodos urbanos de Rosario, Esperanza y otras ciudades, registran niveles de operatividad mínimos, marcados por el recorte prolongado de jornadas de trabajo y el cese de líneas de procesamiento masivo.

Las métricas del deterioro industrial exponen un escenario alarmante para la mano de obra regional. En el plano nacional, las ramas de procesamiento de pieles, calzado y manufacturas derivadas acumulan retrocesos de actividad superiores al 20% interanual, dejando un saldo de miles de asalariados desvinculados en el territorio nacional.

En la provincia de Santa Fe, esta retracción impacta de forma directa sobre comunidades donde la curtiembre constituye el motor económico principal; allí, las patronales vienen recurriendo a esquemas de suspensiones acordadas, jubilaciones anticipadas y esquemas de retiros para mitigar los costos fijos.

Uno de los pilares de este estrangulamiento radica en las modificaciones a la normativa de comercio exterior, que desprotegieron el abastecimiento local de insumos básicos. La eliminación de resguardos para la salida de cueros en estado crudo o salado incentivó la venta directa del material sin procesar hacia el mercado internacional.

Como consecuencia directa, las pymes industriales santafesinas perdieron prioridad de compra y pasaron a cotizar su principal insumo a valores dolarizados que resultan inasumibles para la producción nacional, transfiriendo las ganancias fuera de la cadena de valor provincial.

Sadesa, emblemática curtiembre ubicada en la ciudad de Esperanza.

A la escasez y encarecimiento de la materia prima se suma el enfriamiento severo de las ventas en los comercios locales. La erosión del salario real redujo drásticamente el consumo de artículos de marroquinería e indumentaria de cuero genuino, abriendo paso a la penetración de artículos sintéticos importados de bajo costo.

Paralelamente, el reajuste masivo en las tarifas de suministros energéticos y gas natural pulverizó los márgenes operativos, obligando a casi la mitad de los establecimientos locales a refinanciar deudas impositivas y diferir pagos a proveedores.

El destino del ecosistema industrial del cuero en Santa Fe se encuentra en un punto de inflexión crítico. Sin instrumentos públicos de protección para el entramado pyme, esquemas tarifarios diferenciados para la industria pesada y medidas que aseguren el procesamiento del insumo en territorio provincial, el sector corre el riesgo cierto de desarticularse por completo.

De consolidarse la tendencia actual, la provincia perderá décadas de especialización técnica y capacidad instalada, reduciéndose a una mera proveedora de insumos primarios sin valor agregado para el mercado global.